miércoles, 28 de septiembre de 2016

Dejemos de ser niños espirituales


Todos los que viven rodeados de niños, en algún momento de su vida les encantaría que estos actuaran con un poco mas de madurez. Pero al fin y al cabo estos son chicos y se comportan como tal, son traviesos, gritan, corren, suben, bajan, nunca se cansan, en fin son niños; todas estas cosas son comunes en ellos. 

Hay ocasiones en que vemos chicos que nos dan sorpresas, en su comportamiento y forma de pensar, nos hacen pensar que tienen un grado mas de madurez que los demás pequeños de su edad. Los niños hablan y se comportan como niños siempre. Lo alarmante seria que un adulto actuara como un niño, eso seria ilógico luego de dejar la niñez.
En la vida espiritual sucede lo mismo, un cristiano que esta recién convertido es un niño en Cristo, y debe crecer muy rápido para dejar de ser un pequeño en la fe. Lo malo es que podemos apreciar a muchas personas que llevan muchos años en el evangelio, pero que siguen actuando como niños en la fe.
Por falta de madurez y conocimiento por lo general los niños creen que el mundo debe girar en torno a ellos, quieren toda la atención y ser amados (y en efecto así es, son amados).

Lamentablemente, igual sucede con varios de nosotros, que hemos sido cristianos durante años. Tenemos que alcanzar la madurez de Cristo. Como dice en 1 corintios 2:6. Los hijos de Dios debemos ser personas maduras, debemos aprender amar mas de lo que somos amados.
Se necesita madurez y ayuna divina para amar a nuestros enemigos.

Una persona egoísta, como un niño que solo busca lo suyo y llora porque no puede obtener lo que desea, no puede ser un cristiano. En esta circunstancia se encuentran los que quieren ser animados pero que no quieren animar a los demás.

Los cristianos maduros han dejado la satisfacción del yo (algo muy particular en las personas inmaduras) y buscan la gloria de Dios, el bien común y que la iglesia siempre este unida. Nuestro Dios quiere que tengamos una madurez cristiana. Haz tu elección hoy de cambiar tus actitudes inmaduras por acciones maduras, cambiar el egoísmo por ese amor sin interés que enseño el Padre, cambia la ingenuidad por el discernimiento y la guía del espíritu santo. En las iglesias hace mucha falta personas prudentes, sabias, humildes, maduras, para que puedan llevar la iglesia a cumplir su misión y el buen desarrollo. ¡Dejemos de ser niños espirituales! el llamado es a crecer, a dar frutos, demostrar que hemos avanzado y adquirido conocimiento, para llegar a la estatura de Cristo.

Dios te bendiga
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